domingo, 3 de febrero de 2013

"PUENTE VERDE"


Capítulo  V


 

De cómo se rebela usted sin permiso


 

“Ta-tarará-tarará-ta-ta-ta-ta...” A Mariano Urbinovich y Sánchez-Olmedo se le hacen agua los huesos de pensar en el NO-DO. Una semana después de la visita de Bracamonte a Ciudad Dorada va a estar ahí, en todas las pantallas, formando parte de la historia, inmortalizado ya para los restos. Primero saldrá el águila imperial con el soniquete de la fanfarria, luego el número del documental, con su A ó B,  y enseguida el mensaje grandilocuente... "El mundo entero al alcance de todos los españoles". Y nada más terminar,  Su Excelencia y él, juntos, proyectados  sobre las pancartas del pueblo sediento y calcinado, pero agradecido: "Mas agua... Más árboles..." "Estamos contigo, Nauta Audaz de los Ejércitos".

Verá usted que Mariano es como un niño. Se distrae y se queda pensativo por cualquier cosa. Estos días le hubiera gustado tener un hogar -como a todo hijo de vecino- y sentir el calor de los suyos; el apoyo, el intercambio de consejos, un guantazo a tiempo de su padre. Y, sin embargo -como puede comprobar- está inmerso en sus impaciencias y en sus nostalgias; sólo entre las paredes del gran caserón aislado del centro de la ciudad, frío y húmedo, apenas medianamente confortado en el cuarto de estar por el brasero que atiza en estos instantes, Bruno Pastrana, su fiel mayordomo y chofer.

-Ten cuidado con las brasas que me vas a quemar los calcetines.

Dos pares suele llevar a veces Mariano por aquello de "pies calientes y cabeza fría". Y él, a sólo unas fechas de la llegada de Bracamonte, tiene los pinreles como témpanos y la mollera ruda e incapaz, cortita para hacer frente a lo que se le viene encima; un poco espesa como las tarbinas de doña Julia, su tía abuela, que en gloria esté. 

Debería pasear en sus ratos de ocio, hacer un poco de ejercicio por los cerros de las Cruces y de los Coheteros, lejos del resbaloso de Salvador Gabarda, para que no le abochorne en público; y  distraerse al socaire del barrio, mezclándose con el pueblo, que buena falta le hace; escuchando  a los lateros y a los marginados del lugar y viendo cómo se retira por la calle de Santa Ana, ciego, borracho y cojeando, el Almirante Morralón, el menos locuaz y  entrañable de los bandeirantes de Ciudad Dorada.

 

(Ilustración nº 6 - Foto 5 – Residencia Gobernador – A toda página)

 

Se rompe el silencio con el testigo inexistente que se merece una observación por su actitud inoperante.

-¡Podría usted hacer algo y no estar ahí de pasmarote!  Me molestan los convidados de piedra, los personajes literarios que sólo los mueve el narrador, que remolonean hasta en la ficción, que no toman la más mínima iniciativa, que están ahí, imperturbables y agazapados, macilentos y pasivos; viéndolas venir  al otro lado de las puertas; pegados a las cerraduras y husmeando dormitorios; quemando las cortinas con el cigarrillo; ojo avizor sobre las desdichas de los  seres de carne y hueso, como Mariano Urbinovich, que lo tiene crudo...

...No se me ponga colorado ahora y diga que la boca es suya, que se siente agradecido de estar donde está, que puede sacarle las castañas del fuego a Mariano y evitarle lo que parece que no tiene remedio.

-Quiero salir inmediatamente de donde se me ha metido. No deseo el papel que se me ha asignado y aborrezco sentirme cómplice de esta historia. 

-¡Hombre, no esperaba tal cosa de usted! 

-¿Qué pretende; mi mera presencia en escena? ¿Soy acaso el autor en busca de su pasado, del tiempo perdido; la conciencia de alguien, una innovación literaria, el ángel guardián de don Mariano, la tentación apoyada en una columna inexistente?  Está equivocado, sea quien sea el responsable de mi presencia aquí; y quiero irme.

-Lo lamento, pero se va a quedar donde está y lo voy a mover  a mi antojo. Si lo llego a saber no le concedo la más mínima licencia. ¿No se da cuenta de que es incapaz de manifestarse por sí sólo, que puede ser un errático subconsciente, un sujeto que no percibe con la necesaria intensidad, un sumando, diría yo, insignificante; más bien, un cero a la izquierda?

-¿Qué desea o espera de mí, entonces? ¿Que forme parte de una crónica íntima, que se refleje en mi retina espiritual las cosas todas que nos rodean y nos apasionan y, a veces, nos obcecan en el loco torbellino de la vida? Sólo puede retenerme aquí un deseo de complacer o, sencillamente, de decir la verdad; pues, en un mundo donde nadie dice lo que siente, donde, procurando engañar a los demás, somos nosotros frecuentemente los engañados, es meritorio cualquier esfuerzo en sentido contrario.

-Pero... ¿Qué está diciendo? ¿Ahora me sale moralizador? Se parece usted a Pepe Durbán, un poeta tierno y olvidado de la vieja Urcitania.¿No será usted su fantasma, avieso y rondón,  atrapado en el túnel del tiempo?  

-Estoy fatigado y no deseo seguir discutiendo. Quizá, más tarde, pueda transmitir mejor los ensueños, el desprecio hacia las situaciones y desenfados que se están desgranando en este embrollo de historia. Por ahora, me reservo todo el derecho a intervenir en mi defensa, a rebelarme contra  un ejercicio literario que no termino de comprender.  

Suena un portazo muy cerca.

Se ha depositado la noche sobre la residencia del gobernador. El frío le atenaza, penetra por todas las rendijas desde más allá y, en el jardín asilvestrado, las ramas del olmo, inquietas por el levante, golpean una y otra vez el cristal de la ventana. 

-¡Bruno, Bruno...Bruuuno, atiza un poco más el brasero!

Son en estas noches de otoño, silbantes y cerradas, ventosas y sin luna, cuando el barrio de Belén se apaga a deshora y se aletarga profundamente, acurrucado, comprimido en el seno de las casas, apacible,  ajeno a lo de fuera. Entonces, en las calles, pedregosas y polvorientas, con la tierra en movimiento, arremolinada en las esquinas, se aprecian mejor los pasos de El Zagal, el último rey de Ciudad Dorada. Dicen que no ha parado su alma desde que murió, ciego y pobre, en Marruecos, y que su espíritu vaga todavía por las Almedinas que no supo defender.

Hoy ha vuelto El Zagal, está ahí, sin reino, sin patria y mendigo... Ha regresado desde el horizonte en tinieblas,  con la sola luz de Venus,  a tres días de cerrarse el Ramadán, al toque de  maitines en la Torre de la Vela, llamando el infinito el alba.  

No es la primera vez que Mariano escucha las pisadas de El Zagal; el flamear de su manto de raso azul y oro, al socaire del viento, como una bandera. A veces, incluso, cuando se detiene, cree verlo al otro lado del gran ventanal, observando atónito, con ojos de envidia y quizás, también, de venganza.

-Para ser ahora el Rey que soy, mejor no haber nacido.

 Pero él ha vuelto esta noche al Humilladero, junto a la vieja ermita demolida, al pié de la Cruz de Caravaca, en el lugar preciso  donde entregó las llaves al Rey Cristiano antes de partir sin corcel, cabizbajo, lagrimoso, enfurecido.

Cuando reinó en estas tierras que hoy gobierna Mariano, El Zagal salía por el barrio, probaba los pestiños de miel  que le ofrecía su pueblo, tocaba las sedas que venían de Oriente, compraba las resinas de incienso y  mirra traídas de Omán; y tal vez escuchaba, en noches como hoy,  sin luna, a otras almas vagar en pena, desamparadas, perdidas entre las antorchas a punto de extinguirse  ya por el rocío de la mañana.  

-Bruno, por favor, cierra los postigos del ventanal y atiza de nuevo el brasero.

Los cristales se han convertido en tambores de la noche. Las ramas del olmo golpean cada vez más fuerte. Una especie de terror se apodera de Mariano, le invade desde los pies fríos; lo siente llegar al vello de sus brazos, se apodera de su nuca y de las sienes...

Ha vuelto El Zagal, está ahí, deambulando por la calle; sólo y sin media Luna.  

 

sábado, 2 de febrero de 2013

"PUENTE VERDE" : ÍNDICE ALFABÉTICO DE PERSONAJES

"PUENTE VERDE"

Personajes en escena

 

Aben Aboo: personaje real y verdugo de Aben Humeya.

Aben Humeya: personaje real. Nombre del converso Fernando de Válor.

Abuelo (el viejo): personaje de ficción. Abuelo de Javielito.

Aceituno Solariego: personaje de ficción. Gobernador de Jaén.

Albarracín: personaje real. Lobo de mar.

Alberto Casariego Recio: personaje de ficción. Médico de Capileira.

Alfredo Obregón: personaje de ficción. Médico de Familia.

Alonso Cano: personaje real. Pintor.

Almirante Morralón: personaje real. Bandeirante alcohólico.

Ambrosio Pisuerga: personaje de ficción. Comisario político.

Ángel Foncillas de Bustos: personaje de ficción. Gobernador de Murcia.

Aniceto Cascales Retuerto: personaje de ficción. Cabo de la guardia civil.

Anselmo: personaje de ficción. Alguacil de Guarros.

Antonio “El barquillero”: personaje real. Vendedor ambulante.

Antonio Salmoral: personaje de ficción. Maestro y padre de Faustino.

Arturito Ramos: personaje de ficción. Amigo de Mariano Urbinovich.

Astray: personaje real. Matamoros.

Atanasio Martínez Cambronero: personaje de ficción. Delegado de O.P.

Atila: personaje histórico. Rey bárbaro y mote de don Alfredo Herrera.

Ava Garner: personaje real. Actriz.

Bayron: chucho de la residencia del Gobernador de Ciudad Dorada.

Beltrán Olmedilla: personaje de ficción. Profesor de F.E.N.

Benito Pérez Galdós: personaje real. Escritor.

Boabdil: personaje real. Último señor de las Alpujarras.

Bonifacio Chacón: personaje de ficción. Contable.

Bracamonte: personaje de ficción. Dictador.

Braulio (“El palmeras”): personaje de ficción. Peluquero gay.

Bruno Pastrana: personaje de ficción. Chofer de Mariano Urbinovich.

Cándido López Maturana: personaje de ficción. Secretario de Mariano.

Carmela Fernández: personaje de ficción. Viuda y  hermana de Dulcecita.

Carmen Socias Peñarrota: personaje de ficción. Viuda de Diomedes.

Cleo: perra de Mariano Urbinovich.

Clotilde: personaje de ficción. Hija de Faustino Salmoral.

Cochero.

Conchita Urbinovich: personaje de ficción. Hermana de Mariano.

Conductor de ambulancia.

Cristóbal Colón: personaje real. Navegante.

Cristóbal Gutiérrez: personaje de ficción. Concejal.

Di Stefano: personaje real. Delantero centro del R. Madrid.

Diomedes San Martín: personaje de ficción. Teniente legionario.

Don Alfredo Herrera: personaje de ficción. Cura y profesor de Religión.

Don Antonio Sofres: personaje de ficción. Alcalde de Dalías.

Don Casildo: personaje de ficción. Ministro de Gobernación.

Don Enrique: personaje de ficción. Boticario y tío de Mariano Urbinovich.

Don Francisco Sacristán: personaje de ficción. Cura.

Don Gabriel: personaje de ficción. Profesor de Matemáticas.

Don Joaquín Gabarda: personaje de ficción. Abuelo de Salvador Gabarda.

Don Juan Aparente Mingorance: personaje de ficción. Conferenciante.

Don Máximo López Entresoto: personaje de ficción. Padre de Melquíades.

Don Melquíades López López: personaje de ficción. Director de Instituto.

Don Modesto Gutiérrez Valmaseda: personaje de ficción. Vicario castrense.

Don Nicolás Gabarda: personaje de ficción. Padre de Salvador Gabarda.

Don Tarso Ruiz: personaje de ficción. Cura.

Doña Adela Sánchez Olmedo: personaje de ficción. Madre de Mariano.

Doña Ana Pantoja: personaje de ficción. Madre de Salvador Gabarda.

Doña Clotilde: personaje de ficción. Esposa de Facundo Colmenares.

Doña Consuelo Madurga: personaje de ficción. Esposa de don Melquíades.

Doña Domitila: personaje de ficción. Abuela de Mariano Urbinovich.

Doña Esperanza Cabrerizo y Díaz del Pulgar: personaje de ficción. Marquesa.

Doña Julia: personaje de ficción. Tía abuela de Mariano.

Doña María: personaje real. Deficiente psíquico.

Doña Perpetua: personaje de ficción. Esposa de Faustino Salmoral.

Doña Piedad: personaje de ficción. Quiosquera.

Doña Violeta Fuentes: personaje de ficción. Beata oficial.

Dorita López: personaje de ficción. Bodeguera.

Dulcecita: personaje de ficción. Novieta de Rogelio e hija de un camarero.

Dulce Fernández: personaje de ficción. Viuda.

El Colilla: personaje real y popular.

El Colorín: personaje real y deficiente psíquico.

El Pasapuentes: personaje real y popular.

El Pipa: personaje real y popular.

El Uva: personaje real y popular.

El Zagal: personaje real. Último rey moro de Ciudad Dorada.

Emilico: personaje real. Amigo de la infancia de Salvador Gabarda.

Emilio: caballo de cartón y juguete de Salvador Gabarda.

Encarnación: personaje de ficción. Madre de un churumbel.

Enrique Franco: personaje real y compositor de “Montañas Nevadas”.

Enrique Fresnedilla: personaje de ficción. Tío del maestro Fresnedilla.

Enriqueta: personaje de ficción. Cuñada y amante de don Tadeo.

Esteban de Guzmán: personaje de ficción. Panadero y amor de Moraima.

Eusebio Povedano: personaje de ficción. Juez.

Eusebio Remesales: personaje de ficción. Comisario de policía.

Facundo Colmenares: personaje de ficción. Propietario de papelería.

Facundo de Córdoba: personaje de ficción. Viejo sabio judío.

Familia Sánchez de Castro: personaje de ficción. Propietaria de un aserradero.

Faustinito: personaje de ficción. Hijo mayor de Faustino Salmoral.

Federico: personaje de ficción. Miembro de una rondalla.

Fernandito: duendecillo de la casa de los Gabarda Pantoja.

Fernando de Válor: personaje real. Nombre cristiano de Aben Humeya.

Fernando Pizón Pizón: personaje de ficción. Cura.

Frasquito (“El del parral”): personaje de ficción. Marido de Remedios.

Fray Lorenzo Rocamora: personaje de ficción. Franciscano.

Fulgencio Piedra: personaje de ficción. Chofer de Bracamonte.

Gaspar Buenaventura: personaje de ficción. Cabo de la guardia civil.

Gasparito Expósito: personaje de ficción. Tonto de pueblo.

Gervasio Berenguel: personaje de ficción. Funcionario de prisiones.

Agapito Trillo Moreno: personaje de ficción. Fabricante de muebles.

Hermana Refugios: personaje de ficción. Monja.

Hermano Dionisio: personaje de ficción. Religioso.

Hermano Félix: personaje de ficción. Prefecto religioso.

Hermano Fermín: personaje de ficción. Religioso.

Hermano Rodrigo: personaje de ficción. Director de colegio religioso.

Hitler: personaje real. Propietario de un Rolls Royce.

Ignacio: personaje de ficción. Camarero de El Gran Café.

Heliodoro: personaje de ficción. Gitano.

Inocencio Martínez Riquelme: personaje de ficción. Sustituto del Sr.Ramos.

Jacqueline François: personaje real. Cantante.

Javielito: personaje de ficción. Amigo de la infancia de Mariano y Salvador.

Jesús Gabarda: personaje de ficción. Hermano de Salvador.

José Antonio: personaje real. Fundador de F.E.

José Enrique Cienfuegos: personaje de ficción. Médico cirujano.

José Luis Mota Ciervo: personaje de ficción. Boticario.

Josefa Espartero Guijarro: personaje de ficción. Madre de Arturito.

Juan (“El de los muertos”): personaje real y popular.

Juan Ramón: personaje real. Poeta y esposo de Zenobia.

Juan Tellería: personaje real. Compositor de “Cara al sol”.

Juan Tomás García Gómez: personaje de ficción. Laborioso transportista.

Juanico (“El tonto”) : personaje real y deficiente psíquico.

Juanico (“el de la Venta”): personaje real. Hotelero y propietario de una fonda.

Kathleen Turner: personaje real. Actriz.

Kim Basinguer: personaje real. Actriz.

Leocadia Amescua: personaje de ficción. Esposa del Edil de Ciudad Dorada.

León García: personaje de ficción. Bedel del Instituto de Ciudad Dorada.

Leopoldo Nogueroles: personaje de ficción. Director de rondalla.

Lola: personaje de ficción. Esposa de Aceituno Solariego.


Loritez: personaje de ficción. Maqui.

Lors Staffa: escritor británico y experto en protocolo.

Los Arance: familia de blasón.

Los Egea: familia de blasón.

Los Morataya: familia de blasón.

Luca de Tena: personaje real. Escritor y periodista.

Luis Miguel Dominguín: personaje real. Matador de toros.

Maestro Fresnedilla: personaje de ficción. Profesor de guitarra.

Manolete: personaje real. Matador de toros.

Manolita Esquilache: personaje de ficción. Esposa de Cándido.

Manolito (“El tuerto”): personaje de ficción. Hijo de Remigio.

Manolo Cabezón Higueras: personaje de ficción. Carpintero.

Manolo Godofredo: personaje de ficción. Niño travieso.

Manuel Godoy: personaje real. Maestro de escuela.

Marcelino Espinilla: personaje de ficción. Escolta del Dictador.

Mariacastaña: nombre que expresa “hace mucho tiempo” o “en tiempo remoto”.

María Lucrecia: personaje de ficción. Anciana voceadora.

Mariano Urbinovich: personaje de ficción. Gobernador de Ciudad Dorada.

Mario Cornejo: personaje de ficción. Subjefe provincial de la Movida.

Mario Moreno (“Cantinflas”): personaje real. Actor cómico mejicano.

Marisol: personaje de ficción. Estanquera y amante de Faustino.

Martita Urbinovich: personaje de ficción. Hermana de Mariano.

Maruja Cañete (“La tiburona”): personaje de ficción. Secretaria de Mariano.

Maruja Urbinovich: personaje de ficción. Hermana de Mariano.

Matías Taramundi Bengoechea: personaje de ficción. Médico psiquiatra.

Melquíades Rodríguez: personaje de ficción. Médico forense.

Melquíades Salazar: personaje de ficción. Brigada.

Modesto Díaz: personaje de ficción. Catedrático de Ciencias Naturales.

Mónica: polilla, comedora de madera de nogal.

Monseñor Apolonio Mendoza: personaje de ficción. Obispo de Guadix.

Monseñor Ildefonso de los Monteros: personaje de ficción. Obispo de Urcitania.

Moraima: personaje histórico. Última sultana de Granada.

Newton: personaje real. Físico.

Niceto Bretones: personaje de ficción. Ayudante militar de Bracamonte.

Nicolás Palomino: personaje de ficción. Mecánico de coches.

Nicolás Salmerón: personaje real. Ex Presidente de la República.

Olalla Pérez: personaje de ficción. Tata de Salvador Gabarda.

Omeyas: última dinastía musulmana en Urcitania.

Orestes Expósito: personaje de ficción. Hermano de Gasparito.

Paco Pérez Salas: personaje de ficción. Veterinario.

Paco Rebolledo: personaje de ficción. Médico de guardia.

Paco Sastre: personaje de ficción. Profesor de Gimnasia.

Padre Bonino: personaje de ficción. Dominico.

Padre Lince: personaje de ficción. Jesuita.

Paquito López de Prado: personaje de ficción. Amigo de Mariano Urbinovich.

Paquito Soto: personaje de ficción. Alcalde de Guarros.

Pemán: personaje real. Escritor.

Pepe Méndez (“El chepa”): personaje de ficción. Ingeniero de Caminos.

Pepe Durbán: personaje real. Poeta olvidado.

Pepe Riquelme Ortega: personaje de ficción. Artesano de la guitarra y concertista.

Pepito Morcillo: personaje de ficción. Amigo de Faustino Salmoral.

Pepito Torregrosa: personaje de ficción. Colegial irreverente.

Petra Enríquez: personaje de ficción. Amante de Loritez.

Ramallet: personaje real. Portero del F.C. Barcelona.

Rebeca: protagonista de la letra de una canción.

Refugios de Castro Navalón (“Refu”): personaje de ficción. Pintora.

Reina María Luisa:  personaje real. Amante del duque de Alcudia.

Remedios: personaje de ficción. Ama de cría.

Remigio: personaje de ficción. Peón caminero.

Renato Brinodaux: personaje de ficción. Profesor de francés.

Ricardito Morales: personaje de ficción. Camarero de “El Sotanillo”.

Rodrigo Olsen: personaje de ficción. Profesor de Dibujo.

Rogelio: personaje de ficción. Hijo menor de Faustino Salmoral.

Rosita (“la larga”): personaje de ficción. Amiga de Doña Perpetua.

Rosita Salagorri: personaje de ficción. Esposa de Gervasio.

Salutación: personaje de ficción. Amante de don Tadeo.

Salvador Gabarda: personaje de ficción. Hombre de mundo.

Sánchez del Manzano: Tienda de artículos de música.

Santiago Roncillas: personaje de ficción. Médico cardiólogo.

Segundo Ramos Matamoros: personaje de ficción. Padre de Arturito.

Señor Barquillo: personaje de ficción. Genio de la guitarra.

Señor Galíndez: personaje de ficción. Encargado de sala de billares.

Señora: personaje de ficción. Esposa de Bracamonte.

Señora de negro: personaje real. Madre de Juanico “el tonto”.

Señora Pruden: personaje de ficción. Señora de la limpieza del Instituto.

Sole Urbinovich: personaje de ficción. Hermana de Mariano.

Sonsoles: personaje de ficción. Amante de don Tadeo.

Sor Josefina: personaje de ficción. Madre prefecta.

Tadeo Urbinovich y Cifuentes: personaje de ficción. Padre de Mariano.

Telesforo Berberana: personaje de ficción. Alcalde de Berja.

Telesforo Pimentel: personaje de ficción. Médico de familia.

Teresa: personaje de ficción. Ama de cría.

Tesifón Piqueras Somuézanos: personaje de ficción. Niño de Guadix.

Tifón: perro de don Tadeo Urbinovich.

Tobías Carreño: personaje de ficción. Aposentador y padre de Sonsoles.

Tobías Correa: personaje de ficción. Marqués de Guarros.

Tony Curtis: personaje real. Actor.

Usted: testigo inexistente y personaje atrapado en la historia.

Venancio: personaje de ficción. Municipal de Dalías.

Verónica Lake: personaje real. Actriz.

Viejo con boina.

Ximénez de Sandoval: personaje real. Biógrafo de José Antonio.

Zahara: personaje real. Funesta amante de Aben Humeya.

Zenobia Camprubí: personaje real. Escritora y esposa de Juan Ramón.

Zulema Bentarique: personaje de ficción. Criada mora de Carmen y Dionisio.

 

"PUENTE VERDE"


Capítulo  IV

 

De las cebolletas y otros sujetos resbalosos


 

La calle del Teatro Principal está sembrada de adoquines que parecen crecer allí donde más se estanca el agua de la regadora. De tal suerte que los carros se descuajeringan al pasar; y, si son los de la basura, más todavía, porque los tablones verdes que configuran su esqueleto no dan para muchos trotes. Tenga cuidado, pues, de pisar con tiento, no sea que vaya a patinar sobre la primera cebolleta que se tropiece. Algunas son muy traicioneras y resbalosas, como las mujeres, y tienen capas finísimas de telilla que apenas se ven cuando están ya incrustadas entre los bloques de granito. 

Don Facundo Colmenares, el de la papelería de Santo Domingo, se rompió la crisma un viernes por la tarde al no fijarse bien en ésas telillas de las cebolletas. Cuando se lo llevaron a la Casa de Socorro para ponerle unas lañas, el médico de guardia, Paco Rebolledo, a punto estuvo de perder la conciencia al verle en semejante guisa: brotando la sangre de las sienes a porrillos.

-¡Qué barbaridad, Facundo! ¿Cómo te lo has hecho?

-Me he roto la crisma, Paquito, al cruzar la calle. Las malditas cebolletas de siempre...

Facundo Colmenares -como puede usted ver- tenía muy claro dos cosas: que los adoquines resbalaban por las cebolletas y que todo golpe en la cabeza era como dárselo en la mismísima crisma. Lo primero podía ser discutible, pero lo de la crisma lo tenía muy claro. Figúrese si lo sabía, que una mañana tuvo que restregarle a don Eusebio Povedano, el fiscal -después de insultarle- un libro de Pérez Galdós que hablaba de la crisma. Era la prueba para que el togado se enfundara su incultura donde le cupiera. Una historia aparentemente inverosímil -pero cierta- que empezó más o menos como le voy a contar.

 

(Ilustración nº 5 -  Foto 4 – Papelería – A toda página)

 

Había entrado un niño a comprar una goma y dio un traspié en el escalón de la papelería. Fue entonces cuando Facundo le puso un duro con un pañuelo  para contenerle el chichón, mientras la criatura gritaba como un gorrino.

-Has estado a punto de romperte la crisma por no mirar.

Don Eusebio, que había nacido en Valladolid con el siglo y se consideraba, por tal casualidad, un humanista, no daba crédito a semejante expresión.

-Ajuste su vocabulario a la Real Academia, mi querido amigo, que para eso tiene usted una papelería.

Facundo no lo pudo evitar. Le llegó la impertinencia del fiscal como una pedrada en el ojo; y le puso en trance de embestirle a ciegas. Aquella mañana, además, le regurgitaban todavía los tejeringos con chocolate que le había preparado de desayuno doña Clotilde, su esposa; así que explotó.

-No me cago en su padre por si soy yo, don Eusebio.

¡Qué borde! ¿Verdad? Parece un contrasentido decirle tamaña ocurrencia y hablarle de usted a la vez. Pero no quedó ahí la cosa. Le sobró tiempo a Facundo para restregarle por las narices los Episodios Nacionales de don Benito.

-Lea, lea, majadero. Se va usted a tragar todo lo que dijo; o de lo contrario voy a ser yo quien le rompa la crisma.

¿Qué le parece?  Fue aquí mismo, a dos metros de donde usted se encuentra. ¡Y no le pasó nada! Todo un fiscal  y tuvo que tragarse el insulto entero al no conseguir testigos. Cuando lo contó después en el Casino, entre socarrón  e indignado, sólo obtuvo risitas de los contertulios; porque, la verdad,  don Eusebio –pensaron todos- no se merecía otra cosa, por chulo y peligroso.

Tire la colilla ahora y no se me distraiga que sale el gobernador de la barbería. Si no le pierde de vista, va a tener usted la oportunidad de conocer a un sujeto o individuo mucho más resbaloso que las cebolletas y las mujeres. Mariano trata de esquivarlo siempre. Está seguro de que sabe lo suyo con Gasparito Expósito y procura –como le digo- evitarlo; incluso, cruzarse con él, aunque pocas veces lo consigue. Se siente perseguido por todas las calles de Ciudad Dorada como una mosca cojonera, pertinaz e impertinente, que le viene al burro por el pelo de abajo; que se agarra y no se suelta. Mariano teme que un día se chive y lo cuente todo; que vaya diciendo por ahí que la primera autoridad de la provincia es maricón, que se lo hacía con el tonto del pueblo bajo el Puente Verde. Pues ha de saber usted que el resbaloso veraneaba en las Alpujarras cuando Gasparito sucumbió entre los matorrales ante las artimañas del futuro gobernador. En Laujar le contaron algunas cosas; simples migajas para lo que más tarde descubrió sin que nadie le ayudara. 

Se llama Salvador Gabarda y lo de resbaloso le viene también por su afición y apego a las mujeres. Siempre dice que éstas se mueren del primer amor y el hombre del último; por eso sigue buscando, enamoradizo y reincidente, sin reparar demasiado en la carga discriminatoria que encierra lo que pregona. Es como un don Juan de poca monta, con la reputación marcada, más de lo debido; y con historias atribuidas que ya le hubiera gustado vivir. Suele estar  donde menos se le espera: en un bar, detrás de usted en la cola de un cine, sentado en el último banco de una iglesia, a la vuelta de la esquina... a cualquier hora. 

-¡Hombre, Mariano, qué casualidad!

A Salvador Gabarda lo terminó de conocer Mariano en el colegio de los frailes con lechero. El futuro gobernador y el resbaloso compartieron curso durante tres años y no congeniaron. Ambos se incorporaron a clase en el mes de octubre, cuando las moreras de La Rambla, de hojas ovales y frutos verdosos, dormitaban ya en el umbral del otoño; encorvadas, aparentemente secas, a puntode recibir cada mañana, como un rocío esperpéntico y ácido, el orín de los alumnos madrugadores. Allí estaban también Mariano y Salvador, chorra en mano, a ver quien llegaba más lejos con la primera micción del día, calentita y humeante, dirigida hacia el tronco de los árboles de la seda; partiendo de ésos otros gusanos, aún vírgenes y embraguetados,  con vocación de mangueras.

Aquél sí que fue un buen encuentro inocente y casual y no el que se dispone a presenciar usted ahora.

-¿Qué haces tú por aquí, Salvador ?

-Tomaba el pulso a la calle, Mariano.

Sin pestañear, pegue ahora la oreja al caballero resbaloso porque le va a soltar al gobernador  lo que éste se temía. . .

-¿Quién podía imaginar que aquél raquítico alpujarreño y un poco marión iba a llegar tan alto?

¿Ha visto usted? Esto le pasa a Mariano por no afeitarse en casa, por salir a la calle en horas de oficina y frecuentar los andurriales que deambula a sus anchas Salvador Gabarda. Como si no lo supiera, como si no estuviera enterado, por sus propios ojitos, del terreno que pisa. Y para colmo, empieza a ser sospechosa la vieja manía de ponerse en manos del peluquero Braulio, "el Palmeras", que pierde aceite por todas partes. ¿Es que no hay más barberías en la ciudad? Cualquier día le va a costar un disgusto; porque el barbero, mientras le soba -que no se le puede llamar de otra manera a lo que él denomina “masajes faciales”- le mira el paquete y le narra historietas de su etapa gaditana. Algunas son bastante oscuras e inquietantes, que nada aportan al buen gusto y decoro, y que, además, ponen en entredicho, no ya la masculinidad del fígaro, con las tijeras que se le caen, sino la del propio gobernador, que se le empieza a notar demasiado el asunto entre los muchos clientes que aguardan, fuman, cuchichean y escupen.  

¡No sé como va a salir Mariano del lance tendido por Salvador Gabarda! Si le entra al trapo como un miura, lo puede lamentar; porque es lo que busca el resbaloso.  

-Eres como el Guadiana, Salvador, que apareces cuando menos se te espera. ¿Qué tal te va?   

-No también como a ti, por lo que veo.¿Me figuro que estarás en capilla? Por cierto... –cuestiona Gabarda-¿Sabías que Orestes Expósito, el ayudante de campo de Bracamonte, es hermano de Gasparito Expósito?

 Se veía venir. Cuando el resbaloso se ha puesto en jarras, podía esperarse cualquier cosa. Y encima ya está en escena, como todas las mañanas, la gitana Encarnación con su churumbel. Se detiene en cualquier corro, escucha, abre los ojos como alucinada y, mientras el niño moquea, te toca varias veces en el brazo. No se puede usted hacer idea de lo nervioso que se pone  Mariano cuando le palpa. 

-¿Te la digo, resalao?

LA RECETA DE ISABEL: HOY, SOPA DE RAPE; CONEJO AL AJILLO Y TARTA DE REQUESÓN





Lo prometido... hoy, las primeras recetas del libro de Isabel. Me reservo, como os dije el viernes, seleccionar un menú espigando entre las páginas y apartados del recetario; si bien, respetando hasta en las "comas"  lo que nos cuenta la cocinera. Ahí va la oferta gastronómica... 

SOPA DE RAPE

Ingredientes:
-1 rape fresco
-2 pimientos secos
-6 ajos gordos
-1 tomate gordo
-Aceite (un vaso de vino)
-Arroz
Elaboración:
Cocer el rape. Se fríen primero los pimientos con cuidado de que no se quemen; se apartan y en el mismo aceite se fríen los ajos y el tomate pelado y picado. El refrito se tritura con un poco de caldo de cocer el rape y se le añade un poco de azafrán. Se cuela el caldo del rape y se le añade el refrito triturado. Se añade el arroz y cuando esté hecho se le añade el rape desmenuzado.

CONEJO AL AJILLO

Ingredientes:
-1 conejo
- 3 tres dientes de ajo gordicos
- comino
- pimentón
Elaboración:
Se frie el conejo troceado. Se machacan los ajos con un poquito de comino en el mortero. Cuando el conejo esté frito se añade el majado y una vez fritos los ajos se añade el pimentón y un poquito de agua para que cueza.

TARTA DER REQUESÓN

Ingredientes:
-300 gramos de requesón
-1lata de leche condensada pequeña
-1 yogur blanco
-4 huevos
Elaboración:
Se bate todo en la batidora y se mete al horno 30 minutos.

viernes, 1 de febrero de 2013

MIS DOS "CÉSAR MANRIQUE"


Una de mis primera entrevistas a grandes pintores la realicé hace 41 años a César Manrique en su Estudio de Lanzarote. Fue muy grato visitar con él la Isla en la que años más tarde falleció en un accidente de automóvil. Todavía recuerdo la cena a la que me invitó... fue la primera vez que comía "patatas arrugadas" y "mojo picón", todo como acompañamiento de un excelente pescado a la brasa... un dentón. Antes de regresar a Madrid, me regaló dos de sus dibujos, que firmó delante de mi. Os lo enseño con el recuerdo y agradecimiento a su autor.

MENÚ DEL DÍA: HOY, FABADA ASTURIANA Y ENSALADA VERDE




Cuando hay "FABADA" en casa, ¡ni se me ocurra entrar en la cocina! Berta, como buena asturiana, se considera autosuficiente. Hoy, ella es la autora de la receta del día. A saber...

FABADA ASTURIANA

Ingredientes para 6 personas:

1 kilo de fabes
6 chorizos asturianos
6 morcillas para cocinar (preferible sin cebolla)
1/2 kilo de jamón
1/2 kilo de carne de lacón fresco
1/2 de tocino entreverado
1 cebolla grande
1 tomate grande
perejil
unos granos de pimienta negra
una ramas de azafrán
un buen chorreón de aceite de oliva virgen
¡Ojo! Y nada de sal

Preparación:

La fabada hay que prepararla un día antes de comer,  para que reposen "las fabes" y adquieran esa textura firme y cremosa que las distingue de cualquier otra legumbre. Por tanto, estamos hablando de "fabes asturianes". Se pueden utilizar ¡claro está! otras judías, como las de La Granja, pero... ya no son "fabes". La auténtica no es gruesa, más bien alargada y con mucho cuerpo. Hay que ponerla a remojo la noche anterior a la preparación. Berta le cambia el agua cuando "engordan" las fabes; es decir, unas tres horas después de ponerlas en el recipiente con la primera agua. Al día siguiente, por la tarde, se cuecen con la misma agua; y, luego, ésta se desecha. En la cazuela o "pota" donde se van a cocinar, se pone agua fría y se le agregan las fabes y todos los ingredientes... absolutamente todos. Las morcillas y los chorizos conviene "desgrasarlos" un poco con agua caliente... se meten en un cacillo y se les deja hasta que empieza a subir la espumilla; luego se pasan por agua fría y a la cazuela. La fabada se va haciendo a fuego medio y, después de la primera hora de cocción, se le agrega un buen vaso de agua fría para "asustarlas"... ¡vamos, para que se "acojonen" un poco! Y se dejan que vuelvan a cocer. Otra hora más tarde, nuevamente se le añade un nuevo vaso grande de agua... esta vez, para "despertarlas" y advertirles que es hora de que adquieran su punto. Y se las deja como una hora más. Y nada más; sólo que reposen hasta el día siguiente. Hay quien "espesa" el caldo "machacando" varias fabes dentro de la cazuela; pero, si es buena la legumbre, no es necesario. Dado que es un guiso muy completo y abundante, el día que se come FABADA es plato único. Nosotros la compartimos con una buena ensalada verde. Eso sí; de postre no deben faltar unas buenas manzanas agridulces; si bien, al tratarse de un plato asturiano, allí no se perdona un buen arroz con leche. Y, como cada casa tiene su recerta, ahí no nos vamos a meter. ¡Buen provecho!  

LAS RECETAS DE ISABEL




 
Mi prima Puli Durbán Armenteras me envió hace unos días "Las recetas de Isabel, una joya de la gastronomía almeriense con un valor añadido: el libro está redactado por quien ha cocinado durante muchos años -y lo sigue haciendo- para toda la... familia. Son recetas fantásticas y un descubrimiento para quienes pensábamos que todo se sabía ya acerca de la cocina de nuestra tierra. Isabel es una institución en la familia y, "sus niños", le han hecho este regalo por Navidad. Os dejo hoy el libro, el prólogo y una foto de Isabel. Y... ¡atentos! empezaré a presentaros las recetas. Me reservo, eso sí, elegir un menú diario, hasta agotar el libro de la querida y entrañable ISABEL.