Capítulo XVIII
De los enanos de Salmoral y sus
longanizas
A
Faustino Salmoral le empiezan a salir enanos por babor y estribor; incluso por
debajo de la cama. Los más peligrosos y traviesos, también los más cabrones
–piensa- están en su propio hogar; son
sus hijos: Faustinito, Rogelio y Clotilde. Hoy le han dado el día y está a
punto de salirse por la tangente; que se había tomado la jornada para retocar
los discursos de Mariano y no le dejan tranquilo, ni siquiera respirar. Lo de
menos es que le haya llamado ya el Gobernador esta mañana, dos veces, para
darle un ultimátum.
-¡Parece que no te enteras, Faustino. ! Que es el lunes cuando se los
tengo que soltar a Bracamontes...Y todavía no me has perfilado los comienzos y
los finales...
Siempre
se lo ha dicho Salmoral a su esposa,
doña Perpetua...
-Me cuesta mucho arrancar, niña...Y para qué contarte rematar...
Y
hoy, lo dicho: enanos por todas partes. Un trasiego insoportable y unas
tensiones de aúpa que le han impedido concentrarse ante las cuartillas. Primero
ha sido la llamada de las jesuitinas, el colegio que hay frente al Instituto;
el que está al otro lado de la rambla... ¡ya sabe. ! según se mira al oeste
desde la terraza donde aún sigue el biscuter de don Merquiades... ¡pues
ahí! Era la madre prefecta, sor Josefina, que ha vuelto a pillar a Clotilde
en la despensa del colegio tirando de la cuerda de las longanizas.
-Que casi me rompe las cañas, doña Perpetua, que se
ha venido abajo media estantería con tres bloques de panceta y dos ristras de
butifarra... Esta niña no me deja vivir, amiga mía, que ya no sé como decírselo
a ella y a usted, que es su mamá...
La
señora de Salmoral se ha quedado muda y de piedra, que viene a ser lo mismo;
mientras sor Josefina no paraba de cascar...
-...Luego se va con otras dos amiguitas, que las siguió la otra tarde –matiza- la hermana Refugios
hasta la panadería de El Cañón; que es allí donde compran –me ha dicho-
unos bollitos para meter después las longanizas.. .Que no se puede aguantar...
¡oiga! ¿Es que no le da usted de merendar, doña Perpetua..?
La
reacción de la mamá de Clotilde, que sigue al teléfono, es inmediata, como
puede usted ver: retira el auricular de su cara y hociquito que, por cierto,
necesita ya una depilación, y se pone a reír a mandíbula batiente. Pasados unos
segundos, responde a la monja con más lucidez e inteligencia de lo que podía
esperarse.
-Es que, como sus longanizas, sor Josefina, no las
hay en toda la provincia de Ciudad Dorada. ¡Figúrese...las niñas..! No se
conforman con una barrita cualquiera para comerlas; buscan lo bueno: los bollitos
de Viena o los redonditos de “pan pan”... ¡Nada menos que de El Cañón...! Que se me está abriendo el apetito nada más
que de pensarlo, madre Prefecta.
Pero la cosa no ha terminado ahí.
Sor Josefina quiere rematar la faena y de paso, si es posible, a Clotildita.
-Y que sepa usted, además, que luego beben vivo en
la bodega de El Patio...
Eso es lo que ha sacado de quicio
a Faustino cuando, hace un rato, se lo ha contado su señora esposa. No es admisible –le ha respondido- que una
niña bien nutrida y de buena familia vaya por ahí robando longanizas a las
monjas de un colegio de pago, que luego todo se sabe y se comenta por el
vecindario, que es una ordinariez, que es mas grave aún – le ha dicho a doña
Perpetua- que la vean entrar en la bodega de El Patio con trece años y el
uniforme de las jesuitinas; que ya es el colmo...
-Son cosas de niños, Faustino –le ha contestado su mujer-.
-¡Ni de niños ni de leches! Que así se empieza y
luego se termina como el Almirante Morralón... ¿Me entiendes..? –y se ha vuelto a meter en su despacho, dando un
portazo-.
Ha sido el primer enano del día,
que no el último; porque luego ha llamado doña Rosa Fortuny, de soltera Rosita
“la larga”, para darle un cante a doña
Perpetua de mayor envergadura y posible trascendencia.
-Mira, Perpe, que no te lo quería comentar... ¿Cómo
te diría yo..? Que no tengo más remedio que contártelo por el bien de tu hijo
Rogelito... Que sale con Dulcecita, la hija de un camarero de El Español; bien
guapa que es ¡oyes! ¡Figúrate! ¿Lo sabías, Perpe? -le ha matizado, antes de proseguir-. Pero hija de un camarero y, además, viudo...
Esto si que le ha llegado al alma a doña Perpetua,
que no tolera las cosas revueltas, como ella las llama; que juntos, sí, porque
ser persona de clase no quiere decir que se sea excluyente. Pero de ahí a que
un “Salmoral” se pueda morrear con la hija de un camarero, va un abismo. Por
eso le ha preguntado a su amiga.
-¿Los has visto tú, Rosita?
-A diario, Perpe, que salen del Instituto, ya
juntos, y se van al Parque Viejo... Que allí no se ve ni torta –ha dicho, metiendo cizaña-.
Doña Perpetua ha puesto cara de
póquer y le ha respondido a doña Rosa muy preocupada.
-Pues esto si que no lo va a consentir Faustino,
Rosita, que es muy suyo; y de su madre, que es peor.
Por ahí han empezado los tiros
esta mañana, en un día que aún no ha terminado, porque nos queda que le cuente
su señora lo de Faustinito, que no es moco de pavo; y, precisamente, en jueves,
que hoy lo tiene crudo el cabeza de familia...
Y usted me preguntará: “¿Sabe realmente doña Perpetua lo de la estanquera?
-¡Pues no sé que decirle..! –le tengo que responder- Las
mujeres saben lo que quieren saber; y doña Perpetua no es una excepción. Si
trabajara fuera del hogar, si tuviera un buen empleo o un negocio que funcionara,
aunque fuera de botones de nácar o, mejor, una tintorería, la cosa sería muy
diferente. Ella sabría explotar su independencia; con dificultad, pero lo
lograría. Su marido, al fin y a la postre, tiene mala conciencia por lo de la
estanquera; y de ahí que cumpla también con la señora de la casa. ¿O cree usted
que a estas alturas de la película Salmoral
le echaría un polvo a doña Perpetua por su bella cara? ¡Si no fuera por
el chinchón, mi querido amigo..!
Faustino no termina de dar con las
claves del inicio y remate de los discursos. No es tan fácil -piensa- entrarle
a Bracamonte sin un halago que no lo parezca; y comenzar con un simple
“Excelencia” no le convence demasiado. El hombre, muy voluntarioso y tenaz,
busca la frase redonda y no la encuentra. Lleva así desde mucho antes de darle
con la puerta en las narices a doña Perpetua cuando le ha contado lo de su hija
Clotildita. Se ha quedado mirando al techo al regresar su esposa para darle la
tabarra; esta vez, con lo de Rogelio y la hija del camarero, que parece mas
bien el título de una película neorrealista e italiana.
-Me lo acaba de contar Rosita “la larga”, que es
seguro, que me lo ha jurado, que se lo hacen en el Parque Viejo...
Faustino la ha mirado con cara de
odio, con ganas de agarrarla por el cuello o, mejor, por el pescuezo...
-¡Por mí como si se lo hacen en un palco del
“Hesperia”! –le ha respondido rotundo a su
mujer, para agregar- Que ya tiene edad el niño de superar la teoría
y pasar a la práctica; así que vete con
tu Rosita a tomar... –ha dudado-...un cafetito al Gran Café, guapa.
Doña Perpetua le ha hecho caso y
ha llamado a su amiga “la larga” para seguir largando, como es debido, de sus
cosas, que no son pocas. Ya sólo le queda lo de Fautinito, que tendrá que buscar un momento más apropiado;
cuando su marido, por ejemplo, encuentre las frases para abrir y cerrar el
discurso de Bracamonte.
De momento, doña Perpetua ya está
con Rosita en el café y han pedido churros con chocolate...
-¡Que esté muy espeso, Ignacio..!
Definitivamente, Salmoral no está
por la labor de abrir los discursos con un simple “Excelencia”, le parece muy
tópico y pobretón, convencional y falto de imaginación. Al menos, los rojos
–piensa- lo tienen más fácil, que le llaman –como usted ya sabe- “Excremencia”,
sin más contemplaciones... ¡Claro está, que sólo entre ellos..! El otro día se
lo comentó a un amigo de la bodega “Tonda”, Pepito Morcillo, y casi se traga un
hueso de aceituna con la risa que le dio. Estas cosas – le dijo- hay que
contarlas muy bajito y a personas preparadas y amigas, que los oídos están
donde menos te los esperas. Y le insinuó un título más sonoro y rimbombante,
quedando muy satisfecho de su ocurrencia...
-Le podías
llamar, sencillamente, “Caudillo de España”.
Y ahí quedó la cosa, de momento.
Faustino se vuelve a plantear esta
tarde la sugerencia de Pepito Morcillo... Puede ser ... No está mal lo de
“Caudillo de España”; si bien, intuye que, si acepta la formula, corre el
peligro de que vaya por ahí diciendo Morcillo
que la idea ha sido suya. Son –piensa Salmoral- las miserias del ser
humano, con su falta de humildad y sinceridad para con los amigos; en fin, de
pura soberbia. Así que lo desecha; y, cuando está a punto de desistir o, mejor,
de quedarse con la mente en blanco, le viene la lucecita.
-¡Claro! –exclama en voz baja y se interroga- ¿Cómo
no había caído antes? ¡Ya está..!
Pondré: “MI GENERAL”.
(Ilustración nº 18 - Foto 17 –Bracamonte- A toda página)
Faustino cierra la carpeta de un
golpe, con la misma energía que imprimió a la puerta hace sólo unos minutos, y
coge la chaqueta del perchero de la entrada para enfilar la puerta de la calle,
cosa que hace muy decidido. Escaleras abajo murmulla para sus adentros que es
un genio y, sin esperarlo, le viene una erección; la de todos los jueves, a las
cuatro y cuarto, camino del estanco de Marisol.
“¡Raska yu, cuando mueras qué harás tú... tú serás
un cadáver nada más..!”
Doña Perpetua está pasando la
cucharilla por donde ya no hay chocolate. Rosita la observa con cierta ternura y compasión,
que sabe muchas más cosas de las que cuenta, de las que le cuenta, en especial,
a su amiga, la señora de Salmoral. No obstante, cree que ha llegado el momento
de hablar de Faustinito.
-¿Y qué era lo que me decías de tu hijo mayor..? –le pregunta de sopetón-..
-Que se hace
pajas mirando el “París-Hollywood”; en el retrete, Rosita, en el retrete. –responde, mientras se le van los ojos por timidez a
ninguna parte-.
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